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Luis Cortés Briñol

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Diversión homicida

[Artículo de opinión publicado en Diario de Noticias el martes 27 de diciembre de 2005]

A veces siento miedo del género humano. Una de esas veces fue el otro día, cuando leí en prensa la noticia de que tres jóvenes habían acabado con la vida de una indigente que pernoctaba en un cajero automático de la barcelonesa calle Guillermo Tell. María Rosario, se llamaba. Tenía cincuenta años. Y su error fue encontrarse en ese lugar, al refugio del frío que las últimas madrugadas helaba el aliento a cualquiera. Cinco grados de temperatura y tres corazones inertes, más que congelados, salían de fiesta.

El reloj marcaba la una y los sádicos verdugos entraron en acción. Golpes e insultos fueron los componentes de su peculiar carta de bienvenida. La mujer, maltrecha, logró cerrar la puerta por dentro, aprovechando que los chicos –dos de dieciocho años y un tercero de dieciséis- decidieron retirarse después de protagonizar el emocionante episodio. Pero la tortura de María Rosario, una “sintecho”, una persona al fin y al cabo, carente de hogar y de cariño, no había sino dado comienzo. Por lo visto existían mejores planes para esa noche. No bastaba dejarlo en un “susto”. Conque tres horas después, culminaron el crimen empapando el ropaje de la víctima con disolvente químico altamente inflamable. El menor de edad del grupo llamó a la puerta del cajero, simulando que necesitaba utilizar el dispensador electrónico de dinero. Su “objetivo” estaba despistado y no reconoció al chaval como uno de los despiadados agresores. El resto, es fácilmente deducible. Los vecinos alertaron a los servicios de urgencia al ver las llamas humeantes. María Rosario murió seis horas más tarde a causa de los golpes y las graves quemaduras. Como único testigo, la filmación de seguridad que delataría a los cobardes homicidas.

No puedo siquiera abarcar, con mi humano entendimiento, qué clase de razones pueden conducir a alguien a cometer un acto tan cruel que cuesta creerlo; se me antoja irrisorio dar con la lógica que se esconde tras el cerebro de quien consuma semejante atrocidad. Desconozco de qué hay que estar hecho para quemar viva a una persona. Y el terror más gélido invade todo mi ser cuando leo la declaración del intendente de los Mossos d’Esquadra, quien, en una investigación inicial del caso, apunta a que los jóvenes cometieron el asesinato “quizá con el único ánimo de divertirse”.

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